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Sólo para Pecadores

" Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús." (Hechos 4:11-13)




¿Cómo hombres cuya reputación social fue de menosprecio (un publicano como Mateo), su actitud moral llegó a ser la de un cobarde (Pedro el que lo negó) o sus antecedentes fueron los de un asesino (el apóstol Pablo) llegaron a ser algunos de los grandes baluartes de la fe cristiana?

Ello sólo puede explicarse en razón de la causa por la cual Jesucristo cambió el curso de la Historia de la humanidad: el poder redentor de Dios por el cual asimismo los hombres llegan a ser transformados a la imagen de su Maestro.

A diferencia de Buda, Mahoma u otros, los discípulos de Jesús no sólo llegaron a ser conocidos a lo largo de los siglos, sino, lo que es más notable aún, muchos de ellos fueron la clase de hombre que quedaría excluido de cualquier aspiración religiosa dado sus flagrantes pecados pasados.

¿A qué se debe esta notable diferencia entre los discípulos de Cristo y los “iluminados” de otras religiones?

Al hecho indiscutible del cumplimiento de las palabras del mismo Señor que dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32), a lo cual, uno de los más notables rabinos de toda la antigüedad supo responder:
 “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. (1ª Carta a Timoteo cap. 1 v.15-16)

Muchos pueden fundar religiones, predicar viejas y nuevas filosofías, liderar viejos o nuevos movimientos espirituales, e incluso guiar a otros a un sano estilo de vida, pero salvar a los pecadores, redimir un alma, para eso sólo hay UNO, cuya cruz ha sido puesta para que podamos recurrir a Aquel “que justifica al impío” a quien por ello “su fe le es contada por justicia.” (Carta a los Romanos cap. 4 v.5)

Tal es “la gracia y la verdad” que vinieron por medio de Jesucristo para salvación "a todo aquel que cree".
Por eso, la cruz de Cristo pone fin a toda jactancia religiosa, filosófica o moral. Porque es en la cruz de Jesucristo en donde Dios cargó las faltas de todos los hombres de modo que el único que puede perdonarnos es Aquel que nos compró con su sangre. Esto es lo que significa reconocer que Jesús es el Señor, esto es lo que significa que Él redime el alma de todo aquel que confía plenamente en los méritos de su muerte y resurrección. Por lo que está escrito: “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,
 diciendo:
    Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
    Y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.” (Romanos 4:3-8)


Así que, para los que deseamos ser salvos de nuestra propia miseria y maldad, no por el vano camino de religiones y espiritualizaciones que no salvan, sino por los méritos de la obra de Cristo Jesús, la siguiente porción de la verdad que mana del Evangelio es para nuestro regocijo y bendición:

“Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito:
    Destruiré la sabiduría de los sabios,
    Y desecharé el entendimiento de los entendidos.
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?
Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.
Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1ª Carta a los Corintios cap. 1 v. 17-31)

¡Amén!


N.M.G.

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