Consideremos ahora un pasaje donde podemos ver, al menos, dos cosas. La primera, es al propio Señor Jesús interesado en considerar la identidad del Cristo, si bien en el propio pasaje él no da una respuesta. La segunda, es que la identidad del Cristo, se vincula a su existencia previa al nacimiento del Señor Jesús en el mundo. Veamos el pasaje en el capítulo 22 de Mateo: “41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó , 42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra ; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.” (vv. 41-46) El Señor no da una respuesta, ni Mateo añade ningún comentario. La pregunta queda abierta, si bien el resto de los relatos de los evangelios ...
“ Nadie conoce al Hijo ni al Padre ” “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” (Mateo 11:27). Notemos como en Jeremías, y en las palabras del propio Señor, hallamos esta necesidad de conocer a alguien. Este es un conocimiento en el que existe intimidad. Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y su Hijo, escribe el apóstol Juan. Y el Espíritu Santo, que es el mismo Espíritu del Padre y del Hijo [1] , nos revela a nuestro corazón un solo Hombre digno de plena confianza [2] , en el cual "habita toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2:9), un solo rostro en el cual resplandece la gloria de Dios, Jesucristo, quien es “la imagen de Dios” (2 Corintios 4). Ahora sabemos por las palabras del propio Señor, que Él y el Padre son uno [3] . Mientras que la revelación dada a Israel nos recuerda que: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y...