Comencemos con un ejemplo, se trata del disfrute de la música clásica (aunque podría ser de otro género). Supongamos que a mi amigo no le gusta la música clásica, pero yo, deseando que le comience a gustar le trato de explicar por qué le debería gustar. Entonces paso a hablarle de su buena reputación y complejidad y de los hombres talentosos que compusieron las grandes obras de la música clásica. ¿Podría alguna de tales razones hacer nacer en mi amigo el gusto por ella? Claro que no. El punto es entonces, que los argumentos racionales no alcanzan para que alguien disfrute de la música clásica. No se la puede encontrar agradable, reconfortante, y bella a base de comentarios ajenos. La persona que no disfruta de tal música, no lo hará a fuerza de argumentos y razones. Esto es precisamente lo que sucede con una persona que no ha sido alcanzada por la conversión que ocurre en aquellos que un día aparecen confesando a Jesús como Señor y amándolo como Amigo y Salvador. Algunos p...
Y aunque leyeras todos los libros del mundo y respondieras todas las preguntas de la humanidad, seguirías estando en el mismo lugar. Y aunque fueras coronado de honores y riquezas y hubieras batido todos los records de grandeza, seguirías en la misma condición de todo hijo de Adán, un alma moribunda en la espera del encuentro impostergable, en el día en que la muerte será solo una puerta de entrada, a la Terrible Presencia del trono de la eterna SANTIDAD. Te presentarás desnudo ¿Quién cubrirá tu vergüenza? Te presentarás tú solo ¿Quién será tu Defensa? Te presentarás sin excusas ¿Quién pagará la expiación? ¿Podrás acaso llorar más que las madres que vieron a sus hijos siendo asesinados? ¿Podrás clamar más que los niños y niñas despojados y abusados de este mundo? Tan cierto como que ningún inocente jamás se perderá, es que lo que no hayas buscado en esta vida para presentarte ante el Juicio de la Verdad, no lo hallarás cuando y...