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La medida de nuestra bondad

   



"Matará al malo la maldad,

Y los que aborrecen al justo serán condenados. 

El Señor redime el alma de sus siervos,

Y no serán condenados cuantos en él confían." 



(Salmo 34:21-22) 



"El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas." (Evangelio de Juan 3:18-20)


Una persona no puede ser "buena" y al mismo tiempo despreciar, desoír, o deshonrar la verdad que define la medida ética de la humanidad y declara las demandas de la Justicia inmutable y perpetua.

Si queremos tener algo de bueno, moralmente hablando, debemos comenzar por apreciar y oír con atención la verdad de Dios en Jesucristo y entonces podremos honrarla de modo que al reconocer nuestra propia maldad, la Luz de la verdad nos permita conocer la gracia y la misericordia del perdón de Dios que está disponible para todo aquel que cree en la verdad del Evangelio.

Por esa razón está escrito en la Biblia: 

"Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe." (Romanos cap. 8:19-27) 



N.M.G.

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