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El Garante de todo aquel que pide

 


Comencemos con un ejemplo, se trata del disfrute de la música clásica (aunque podría ser de otro género). Supongamos que a mi amigo no le gusta la música clásica, pero yo, deseando que le comience a gustar le trato de explicar por qué le debería gustar. Entonces paso a hablarle de su buena reputación y complejidad y de los hombres talentosos que compusieron las grandes obras de la música clásica. ¿Podría alguna de tales razones hacer nacer en mi amigo el gusto por ella? Claro que no. El punto es entonces, que los argumentos racionales no alcanzan para que alguien disfrute de la música clásica. No se la puede encontrar agradable, reconfortante, y bella a base de comentarios ajenos. La persona que no disfruta de tal música, no lo hará a fuerza de argumentos y razones. Esto es precisamente lo que sucede con una persona que no ha sido alcanzada por la conversión que ocurre en aquellos que un día aparecen confesando a Jesús como Señor y amándolo como Amigo y Salvador. 

Algunos pueden pensar que ser cristiano es simplemente creer en Cristo. Pero eso es como creer que uno puede ser "cristobaliano" por creer que Cristobal Colón llegó una vez a las tierras del continente americano. Ese pensamiento es simplista y erróneo. Porque la fe en Jesucristo va más allá de conocer lo que Él hizo en la Historia, es como el ejemplo del amigo que puede conocer sobre música clásica, y oír dicha música, pero eso no lo hace "amante de la música clásica". 

Un cristiano en un sentido real, es alguien que experimentó de manera personal el valor trascendente y supremo de Jesucristo en su vida. No es alguien que sólo conoce los hechos históricamente divulgados respecto a la vida y obra de Cristo. Un cristiano es alguien a quien la verdad que se revela en Jesús, comienza a transformarlo. 

El ejemplo inicial, nos lleva a entender que nadie se vuelve un seguidor que ama a Jesús de una manera especial e indeclinable, porque alguien lo convenció a fuerza de argumentos lógicos de que Dios existe, la Biblia es razonable y es correcto tener fe. Una religión o una secta puede ofrecernos un rotulo y una tradición de formas y ritos con los que podamos identificarnos, pero una relación real con un Dios que ha prometido guiar por medio de un Espíritu Santo a todos los que reciben a Su único Hijo, está fuera del control racional e institucionalizado. Por eso leemos que el apóstol Pablo escribió que: "... Dios no permitió que el mundo lo conociera mediante la sabiduría, sino que dispuso salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Los judíos piden señales, y los griegos van tras la sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que para los judíos es ciertamente un tropezadero, y para los no judíos una locura, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios, y sabiduría de Dios." (1 Corintios 1:21-24). 

Como dijimos, usted no puede amar la música clásica si ella no le resulta especial, agradable, admirable y digna de ser "absorbida" por su sentido auditivo. Y usted no puede experimentarla de esa manera porque haya aceptado cierta información al respecto. No hay argumentos que sean suficientes para ello. Necesitamos que "el gusto" esté presente dentro nuestro para disfrutar de la música clásica de nuestro ejemplo. 

¿Y quién puede hacer que nuestra alma vea en Jesús lo que no es posible ver a través de meros argumentos y razones? ¿Cómo verán nuestros ojos la hermosura del Rey que fue aborrecido por el mundo?

La respuesta la dio el propio Señor Jesús cuando dijo: 

"En realidad, es mejor para ustedes que me vaya porque, si no me fuera, el Consejero (en griego dice Paráclito) no vendría. En cambio, si me voy, entonces se lo enviaré a ustedes; y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado y de la justicia de Dios y del juicio que viene. El pecado del mundo consiste en que el mundo se niega a creer en mí. La justicia está disponible, porque voy al Padre, y ustedes no me verán más. El juicio vendrá, porque quien gobierna este mundo ya ha sido juzgado. »Me queda aún mucho más que quisiera decirles, pero en este momento no pueden soportarlo. Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro. Me glorificará porque les contará todo lo que reciba de mí. Todo lo que pertenece al Padre es mío; por eso dije: “El Espíritu les dirá todo lo que reciba de mí”. (Juan 16:7-15).


En la Biblia leemos que, la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Por ello, el trabajo de un cristiano es hacer llegar a los oídos de las personas la "música" del evangelio. Eso es lo que la predicación lleva a cabo. Por eso, el apóstol Pablo escribió en el primer siglo estas palabras a los creyentes de la ciudad de Corinto:  

 "Decimos la verdad delante de Dios, y todos los que son sinceros lo saben bien. Si la Buena Noticia que predicamos está escondida detrás de un velo, solo está oculta de la gente que se pierde. Satanás, quien es el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acerca de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios. Como ven, no andamos predicando acerca de nosotros mismos. Predicamos que Jesucristo es Señor, y nosotros somos siervos de ustedes por causa de Jesús. Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo." (2 Corintios 4:2-6). 

Ver la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo, va más allá de creer que él existió. La gloria es la grandeza, perfección, virtudes y poder que encontramos en el Hijo de Dios, hoy.

Nadie puede ver esa gloria si Dios no le da "el gusto" para gustar la bondad de Jesucristo. 

Por eso el Nuevo Pacto que encontramos en Cristo, no radica en las obras que nosotros hagamos, ni en el conocimiento teórico que tengamos, sino en la obra de Dios en nosotros al darnos el Espíritu Santo que nos revela al Señor Jesucristo, en donde la revelación hace nacer el amor hacia Él. 

"Éste es el pacto que haré
con la casa de Israel:
Después de aquellos días (dice el Señor)
pondré mis leyes en su mente,
y las escribiré sobre su corazón.
Yo seré su Dios,
y ellos serán mi pueblo.
11 Ya nadie enseñará a su prójimo,
ni le dirá a su hermano “Conoce al Señor”,
porque todos me conocerán,
desde el más pequeño hasta el más grande.
12 Seré misericordioso con sus injusticias,
y nunca más me acordaré de sus pecados
ni de sus iniquidades.» (Hebreos 8:10-12)

"Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero." (1 Juan 4:19). 

No se puede amar a Jesús sin creer que, porque Él vive, su Espíritu de vida y de verdad puede darnos ese amor verdadero que los argumentos terrenales no pueden dar. 

Así que, el consejo del Señor para los que tienen oídos para oír el llamado de Dios, nos dice: 

        "Así que pidan, y se les dará. Busquen, y encontrarán. Llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, en lugar del pescado le da una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le da un escorpión? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» " (Lucas 11:9-13)


  ¿Has pedido a Dios que te dé el don inefable de la fe por la que Cristo viene a hacerse presente en tus pensamientos y tu corazón?

Ese es el momento en que los argumentos y razones llegan a su fin. El momento en que haces una oración sincera en tu intimidad. Allí donde sólo Dios puede escuchar, y contestar la oración del hombre y la mujer que nunca han apreciado la música celestial del evangelio, pero que están siendo llamados a oír la voz de la gracia más dulce jamás imaginada...

Pedid y se os dará. 

Dios te bendiga. 

N.M.G.

 

 

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