“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de
parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue
desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.
Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos
para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos
resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia
a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” (Daniel 12:1-3)
“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están
escritos en los cielos.” (Lucas 10:20)
“Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a estas que
combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los
demás colaboradores míos, cuyos nombres
están en el libro de la vida.” (Filipenses 4:3)
“Y llevarán la gloria
y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o
que hace abominación y mentira, sino solamente
los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Apocalipsis
21:26-27)
Jeremías 17:5-14 NTV
Esto dice el Señor:
«Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos,
que se apoyan en la fuerza humana
y apartan el
corazón del Señor.
6 Son como los arbustos raquíticos del desierto,
sin esperanza para el futuro.
Vivirán en lugares desolados,
en tierra despoblada y salada.
7 »Pero
benditos son los que confían en el Señor
y han hecho que
el Señor sea su esperanza y confianza.
8 Son como árboles plantados junto a la ribera de un río
con raíces que se hunden en las aguas.
A esos árboles no les afecta el calor
ni temen los largos meses de sequía.
Sus hojas están siempre verdes
y nunca dejan de producir fruto.
9 »El corazón humano es lo más engañoso que
hay,
y extremadamente perverso.
¿Quién realmente sabe qué tan malo es?
10 Pero yo, el Señor,
investigo todos los corazones
y examino las intenciones secretas.
A todos les doy la debida recompensa,
según lo merecen sus acciones».
11 Los
que acaparan riquezas en forma injusta
son como las perdices que empollan los huevos que no
han puesto.
En la mitad de la vida perderán sus riquezas;
al final, se volverán unos pobres viejos tontos.
12 Pero nosotros
adoramos frente a tu trono:
¡eterno, puesto en alto y glorioso!
13 Oh Señor,
esperanza de Israel,
serán avergonzados todos los que se alejan de ti.
Serán enterrados en el polvo de la tierra,
porque han abandonado al Señor, la fuente de agua viva.
14 Oh
Señor, si me sanas, seré verdaderamente sano;
si me salvas, seré verdaderamente salvo.
¡Mis alabanzas son solo para ti!
Este pasaje
del libro de Jeremías nos comunica los dos caminos que siempre han estado enfrentados
y en disputa desde los días de Edén. La vida y la muerte, la bendición y la
maldición, la luz y las tinieblas. Al igual que en los evangelios hallamos dos
puertas, dos caminos, dos cimientos, dos señores, dos grupos y dos destinos. En
Jeremías, las palabras de Dios nos comunican la misma eterna verdad: hay una sola fuente de vida la cual está en
el Señor, y separados de Él no seremos
nada.
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el
que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí
nada podéis hacer.” (Juan 15:5)
“Jesucristo nuestra esperanza” - 1
Timoteo 1:1
El contexto de
este pasaje del capítulo 17 de Jeremías es crucial para entender todo su
alcance. La palabra del Señor advierte acerca del estado del corazón humano. La
Palabra de verdad nos muestra la realidad acerca de nuestro ser interior, el
cual es extremadamente engañoso y
perverso. El Señor quiere que entendamos que Él conoce la verdad existente
dentro de todo ser humano. Y su declaración nos recuerda la verdad universal
declarada en Romanos 3:23 “todos pecaron
y están destituidos de la gloria de Dios”. Por lo tanto, el Señor dice: “yo, el Señor, investigo todos los corazones
y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según
lo merecen sus acciones” (v. 10)
¿Qué recompensa merecen nuestras
acciones? La carta a los Romanos declara que la paga del pecado es muerte y
destitución de la presencia de la gloria de Dios (Ro. 3:23).
Si vemos el contexto de este
capítulo de Jeremías, hay dos posibilidades. Que nuestro corazón se aparte del
Señor (v.5) o que nuestro corazón ponga al Señor como nuestra única confianza y
esperanza (v.7).
Aquí no se está diciendo que los
que mejor se portaron y se esforzaron por hacer buenas obras son los aprobados
por Dios. La distinción se basa en QUIÉN pone su confianza cada persona, en simples
seres humanos o en el Señor. Esta es la raíz de la distinción.
La fuerza humana es fuente de
riquezas, los hombres que amontonan los bienes de este mundo se alejan del
Señor, porque confían en las cosas que pueden poseer, de cuya abundancia se
jactan, como dice el Salmo 49. Los que habiendo confiado en su fuerza humana para
lograr una vida de éxito material se consideran justos a sus propios ojos, son
confrontados con la Palabra de Dios: “yo, el Señor, investigo todos los
corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida
recompensa, según lo merecen sus acciones». Los que acaparan riquezas en forma
injusta son como las perdices que empollan los huevos que no han puesto. En la
mitad de la vida perderán sus riquezas; al final, se volverán unos pobres
viejos tontos.” (vv. 10-11).
Esta palabra traducida “tonto” en la Nueva Traducción Viviente,
es “necio”. Es el mismo término que
usa el Señor Jesús en su parábola del hombre rico que había acumulado bienes
para disfrutar y reposar, pero a quien ante el repentino final de su vida en
este mundo, se le plantea una pregunta que Dios mismo le hace: “… Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a
pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20)
No es casual que este pasaje de
Jeremías que estamos considerando, nos muestre la confianza en la fuerza del
hombre en paralelo con las riquezas de este mundo. La Palabra de nuestro Señor
siguió remarcando la misma dicotomía irreconciliable: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará
al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24)
La carrera de este mundo está en
alimentar los deseos de los ojos, de la carne y la vanagloria de la vida, todo
lo cual quedará enterrado en el polvo de lo que se ve (ver 2 Cor. 4:18). Este
es el camino del engaño de las riquezas. Riquezas que radican en querer tener más
de lo que necesitamos, perseguir lujos en vez de ayudar al necesitado, buscar
honores y reconocimientos sociales antes que cumplir la voluntad de Dios y
gozar por fe de la comunión con Su Hijo.
Jamás habría llegado a compartir
un mensaje como este por mi propia cuenta, mi humanidad jamás denunciaría los
deseos de los ojos, la carne y la vanagloria de esta vida si no hubiera
recibido un llamado más alto, más excelente y eterno. Esa es la razón por la
que aquí, estamos considerando las palabras del testimonio de Dios para todo
aquel que tenga oídos para oír lo que el Espíritu ha declarado. La doctrina del
Señor que denuncia toda avaricia, codicia, materialismo, orgullo e injusticia,
nos recuerda que para aquellos que hacen de Jesucristo su confianza, su gozo y
su esperanza, se cumplirá Su Palabra “El
que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida
eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí
también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” (Juan
12:25-27)
La amista con el mundo es
enemistad con Dios, escribió Santiago. No se puede servir a Dios y a las
riquezas. No se puede amar al mundo y amar a Jesucristo (1 Jn. 2:15). Dicho en
otras palabras, todo el que ame verdaderamente al Señor Jesús, será consciente
de su propia miseria, pobreza espiritual, necesidad, perversidad, orgullo y vanagloria,
los cuales se alimentan del mismo mundo caído e impío que nos rodea. Por lo
tanto, tomar la cruz e ir tras los intereses de nuestro Señor, es lo único que
podemos hacer si aspiramos a llegar a ser un “siervo inútil” (pero amado).
Por eso, el final de las palabras
de Dios en este pasaje de Jeremías, son un bálsamo para nuestras almas. Porque
nosotros, reconocemos que nuestro corazón tiene por naturaleza un orgullo perverso,
y que hemos sido rescatados de esa perversidad universal que constituye el pecado
del orgullo y del rechazo de Dios, única fuente de agua viva.
¿Y cómo fuimos rescatados?
Hemos sido rescatados porque hemos
puesto los ojos en el Señor Jesús, de cuya mano nos hemos aferrado como Pedro
en el mar de Galilea. Él está en su trono alto y glorioso. Mientras el mundo
pone sus ojos en la riqueza, la fama y el poder de los hijos de los hombres,
nosotros deseamos ser los verdaderos adoradores que el Padre busca que le
adoren. Y lo seremos, porque somos los que hemos puesto nuestras esperanzas en
el Hijo de Dios, y confesamos su nombre en medio de un mundo en el que todos
los que se alejan de Él, serán avergonzados.
“Pero nosotros adoramos frente a tu trono:
¡eterno, puesto en alto y glorioso!
Oh Señor, esperanza de Israel,
serán avergonzados todos los que se alejan de ti.
Serán enterrados en el polvo de la tierra,
porque han abandonado al Señor, la fuente de agua viva.
14 Oh Señor, si me sanas, seré verdaderamente sano;
si me salvas, seré verdaderamente salvo.
¡Mis alabanzas son solo para ti!”
La Palabra
dada a Jeremías declara que necesitamos ser sanados y salvados por el Señor. Y
esta necesidad de un Médico y Libertador de nuestras almas se cumplió en el
Hijo de Dios. Por eso “Jesús les
respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado,
esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo
sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente
libres.” (Juan 8:34-36).
“Como nos dicen las Escrituras: «Todo el que
confíe en él jamás será avergonzado». No hay diferencia entre los judíos y los
gentiles en ese sentido. Ambos tienen al mismo Señor, quien da con generosidad
a todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoque el nombre del Señor será
salvo” (Romanos 10:11-13)
El Hijo nos ha libertado, y como
está escrito “Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser
Señor así de los muertos como de los que viven. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu
hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de
Cristo. Porque escrito está:
Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se
doblará toda rodilla,
Y toda lengua confesará a Dios.
De mandera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”(Romanos 14:9-12)
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y
más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el
espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las
intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su
presencia; antes bien todas las cosas
están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4:12-13)
Para terminar,
te invito a que leas con el corazón atento el siguiente Salmo, y te respondas QUIÉN
es ese Hombre del cual consultan para arrojarle de su grandeza, y si es el
mismo de quien las Escrituras dan testimonio de que es el único Salvador del
mundo, nuestro Señor, el Hijo de Dios, para entender, que solo si Dios está en Él
puedes verdaderamente hallar en Él el reposo de tu alma, tu roca y tu salvación,
tu gloria y tu refugio, la gracia, la paz y la misericordia a través de Uno que
ha dado su vida para rescatar tu alma del sepulcro.
Salmo 62
“En
Dios solamente está acallada mi alma;
De
él viene mi salvación.
2
Él solamente es mi roca y mi salvación;
Es
mi refugio, no resbalaré mucho.
3
¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre,
Tratando
todos vosotros de aplastarle
Como
pared desplomada y como cerca derribada?
4
Solamente consultan para arrojarle de su grandeza.
Aman
la mentira;
Con
su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Selah
5
Alma mía, en Dios solamente reposa,
Porque
de él es mi esperanza.
6
Él solamente es mi roca y mi salvación.
Es
mi refugio, no resbalaré.
7
En Dios está mi salvación y mi gloria;
En
Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
8
Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;
Derramad
delante de él vuestro corazón;
Dios
es nuestro refugio. Selah
9
Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón;
Pesándolos
a todos igualmente en la balanza,
Serán
menos que nada.
No
confiéis en la violencia,
Ni
en la rapiña; no os envanezcáis;
Si
se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas.
11
Una vez habló Dios;
Dos
veces he oído esto:
Que
de Dios es el poder,
12
Y tuya, oh Señor, es la misericordia;
Porque
tú pagas a cada uno conforme a su obra.”
“Y dos ciegos que estaban sentados junto
al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de
David, ten misericordia de nosotros!” (Mateo 20:30)
“a Timoteo, verdadero hijo en la
fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios
nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.” - 1 Timoteo 1:2
“a Tito, verdadero hijo en la
común fe: Gracia, misericordia y paz, de
Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador.” - Tito 1:4
“Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy
el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras
obras.” - Apocalipsis 2:23
“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a
cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin,
el primero y el último.” - Apocalipsis
22:12-13
“Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá
como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con
júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón.
Ellos verán la gloria de Jehová, la
hermosura del Dios nuestro. Fortaleced las manos cansadas, afirmad las
rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución,
con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos
serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.” – Isaías 35:1-5
Ahora, estimado, vuelve a leer
los versículos 6 al 8 de Jeremías 17 que citamos al comienzo, y nota qué es lo
que ha hecho que den fruto los que vivíamos en el desierto y la soledad, ciegos
y sordos a la Majestad que vino al mundo y se nos manifestó en carne.
Que Dios abra nuestros ojos para ver a Aquel que dio testimonio de la verdad: “Si
me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le
habéis visto.” (Juan 14:7)
Amén.
N.M.G.

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