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INVITACIÓN EXTRAORDINARIA


  


La mayoría de la filosofía y psicología de nuestro mundo, ofrece mejoras para tu vida. Pensamientos más elevados y una vida de virtud es posible, aun sin tener en cuenta a Dios en sí. Si sos una persona que busca ser, vivir y estar mejor, podes llegar bastante lejos con una buena moral y suficiente autodisciplina. Incluso, si sos una persona con un sano sentido de la trascendencia, podes tener una vida bastante completa, si además reconoces que hay un Dios que es la fuente de toda razón y justicia. 

Hasta acá estamos dentro de lo ordinario. ¿Dónde estaría lo extraordinario entonces? ¿Para qué sería necesario hablarte del evangelio de Cristo si podés arreglártelas solo/a?

Todos creemos que vamos bien, en la medida que logramos lo que deseamos. Por eso la felicidad está tan ligada al éxito material. Pero alguien dijo una vez, que un hombre que se tiró del piso número 100 de un edificio, cuando ya iba por el piso 50 aún decía, “hasta acá voy bien”. Sabemos que la muerte es una sentencia final para nuestra corta existencia, y es precisamente en ese punto, donde el sol de esperanza del evangelio amanece en el horizonte de nuestras vidas ordinarias.

¿Desearías tener una vida extraordinaria?

Eso es precisamente lo que Cristo nos llama a recibir, algo celestial, permanente, perfecto. ¿El requisito? Creer a sus palabras.

Las cosas que Él dijo, sólo tienen sentido si su testimonio (y el de los que lo vieron) fue verdadero. Ninguna persona que hubiese dicho las cosas que dijo Jesús podría haber trascendido su pequeña aldea para extenderse a toda la Historia de la humanidad, si no hubiese testigos dispuestos a morir para proclamar haber visto con sus propios ojos a Jesús, el Cristo, levantarse después de la muerte.

Podes leer vos mismo las siguientes afirmaciones de Cristo, para recibir su llamado y considerar si sus palabras son un invento, o verdaderamente algo divino:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:27-30)

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (Juan 11:25)

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6)

"Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz." (Juan 18:36-37)

“Así, por la gracia de Dios, la muerte que él sufrió resulta en beneficio de todos. En efecto, a fin de llevar a muchos hijos a la gloria, convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos.” (Hebreos 2:9-10).

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” (Carta del apóstol Pablo a Timoteo 1:15)

No obstante la niebla y el engaño de algunos religiosos “profesionales”, que, aquí y allí, siempre han usurpado las cosas de Dios, Jesús nos ha dejado sus palabras de vida eterna, algo realmente extraordinario, algo que no vas a encontrar en ningún otro, porque sólo Él es el que murió y resucitó para que se cumplan sus palabras: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. ... Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:35;40)

Él es digno de nuestra confianza. Él es extraordinario. Existe una vida extraordinaria que Cristo nos revela... el Camino hacia las delicias eternas, te espera. 

¡Atendé el llamado!

N.M.G.

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